¿Qué significa ser un buen pensador?
Tradicionalmente, la
respuesta para esta pregunta ha sido formulada en términos de habilidad o
destreza cognitiva: ser un buen pensador significa tener ciertos tipos de
habilidades de pensamiento críticas y creativas. Los buenos pensadores
ciertamente tienen habilidades de pensamiento.
Pero tienen algo más:
motivaciones, actitudes, valores y hábitos mentales que juegan un papel
importante en el buen pensamiento y en gran parte, son estos elementos los que
determinan si la gente utiliza sus habilidades de pensamiento cuando se
necesitan.
El pensamiento es Instrumento permanente de
autoorganización y, por ende, de desarrollo y crecimiento personales. El
cerebro trabaja para hacer la vida llevadera y fácil, y por eso es Capaz de
realizar las dos Operaciones antagónicas: el seguir rutinas y el lanzarse a la
creación; y por eso tambien es polifacético y flexible:
• intuitivo y discursivo
• ingenuo y crítico
• Teórico y práctico
• Directo y analógico
• Abstracto y concreto
• Realista y fantástico
• Racional y mágico
• Creativo y Reproductivo
Por su esencia Misma, el pensamiento viene a ser fuente
de productividad, originalidad, inventiva, heurística, transformación,
creatividad. Nuestro sistema de pensamiento funciona con base en cuatro
subsistemas: La atención, la percepción, la memoria y la Reestructuración.
El cerebro de cada hombre es potencialmente la gran
fuente de energía que transforma al mundo. Pero las potencialidades quedan
estériles si no se da una mano de obra educativa que nuestro medio Debe Ser A
menudo reeducativa. En efecto, muchas veces la familia y la escuela se dedicar
un aculturar o inculturar a los Niños de tal forma que los meten Dentro de los
moldes (Ideologías, convencionalismos, estereotipos, rituales) que Inhiben su
pensamiento y su creatividad matan.
Muchas veces cuando pensamos en nuestros sueños o lo que
nos motiva, se nos ocurren ideas fantásticas o utópicas. Estas metas muy a
largo plazo o muy lejanas pueden servirnos de motivación, pero también corren
el riesgo de recordarnos continuamente que estamos muy lejos de lograrlas. Y
una meta demasiado lejana desmotiva más de lo que motiva.
Otra forma de abordar nuestras motivaciones es pensando
en cómo nos gustaría pasar un día promedio. No el mejor día de nuestra vida, el
día que conocemos a nuestra media naranja, el día que ganamos el Nóbel.
Simplemente un día normal. Un día promedio perfecto.
Para pensarlo, es útil plantearse algunas preguntas
concretas:
¿A qué hora te despiertas?
Qué haces una vez despierto?
¿Estás con otras personas?
¿Cómo pasas tu día?
¿A qué le dedicas tu tiempo y energía?
Etc…
Acá la clave es ser bien específico, realmente imaginar
cómo sería ese día. Tomarnos unos minutos en pensarlo y saborearlo
imaginariamente.
¿Por qué es importante hacer este ejercicio a veces?
Muchas veces estamos tan ocupados apretando el acelerador
que no nos detenemos a pensar hacia dónde nos dirigimos. Este ejercicio nos
ayuda a revisar si estamos avanzando hacia donde queremos ir.
No pierdes nada. Al menos puede dejarte, pensando.
Pensar como un genio
“Incluso si no es un genio, usted puede usar las mismas
estrategias que Aristóteles y Einstein utilizaron para controlar el poder
creativo de su mente y manejar mejor su futuro”.
Las siguientes ocho estrategias le exhortan a pensar
productivamente, antes que “reproductivamente”, como método de resolución de
problemas.
“A lo largo de la historia, éstas han sido las
estrategias comunes a los estilos de pensamiento de los genios creativos en las
ciencias, el arte y la industria”.
Mire a los problemas de muchos modos diferentes, y halle
nuevas perspectivas que nadie antes ha adoptado (¡o nadie ha hecho públicas!)
Leonardo da Vinci pensaba que para descubrir la
estructura de un problema, se tenía que comenzar por aprender a reestructurarlo
de muchos modos diferentes. Creía que el primer modo en que contemplaba un
problema era muy parcial. A menudo, el problema mismo se acaba reconstruyendo y
se convierte en uno nuevo.
¡Visualice!
Cuando Einstein pensaba sobre un problema, siempre
encontraba necesario formular la cuestión de tantos modos diferentes como fuera
posible, incluso con el uso de diagramas.
Visualizaba soluciones y creía que las palabras y los
números, en cuanto tales, no jugaban un rol significativo en su proceso de
pensamiento .
¡Produzca! Una característica distintiva del genio es la
productividad.
Thomas Edison registró 1.093 patentes. Para garantizar
una gran productividad, estableció cupos de ideas para sí y para sus
ayudantes.. En un estudio de 2.036 científicos a través de la historia, Dean
Keith Simonton de la Universidad de California, en Davis, halló que la mayoría
de los más respetados científicos habían producido no sólo grandes obras, sino
también muchas “malas” obras. No le temían al fracaso ni a producir obras
mediocres para llegar a la excelencia.
Haga nuevas combinaciones. Combine y recombine ideas,
imágenes y pensamientos en diferentes modos, no importa cuán incongruentes o
insólitos sean.
Las leyes de la herencia sobre las cuales está basada la
moderna ciencia de la genética, son obra del monje austriaco Gregorio Mendel,
quien combinó las matemáticas y la biología para crear una nueva ciencia.
Relacione; haga conexiones entre diferentes temas.
Da Vinci relacionó el sonido de una campana con una
piedra cayendo al agua. Esto le permitió establecer “la conexión” de que el
sonido viaja a través de ondas.
Samuel Morse inventó las estaciones de relevo para las
señales telegráficas cuando observó los puestos de relevo para los caballos.
Piense en los opuestos.
El físico Niels Bohr creyó que, si uno mantiene los
opuestos juntos, y luego suspende el pensamiento, nuestra mente se traslada a
un nuevo nivel del conocimiento. Esto le permitió imaginar la luz a la vez como
partícula y como onda, llevándolo a su concepción del Principio de
Complementariedad. Suspender el pensamiento (lógico) puede permitir a su mente
crear un nuevo concepto.
Piense metafóricamente.
Aristóteles consideró que la metáfora era una
manifestación de la genialidad y creyó
que el individuo que poseía la capacidad de percibir parecidos entre dos áreas
separadas de la realidad y relacionarlas conjuntamente, era una persona dotada
de un talento peculiar.
Prepárese para poder sacar ventaja de la oportunidad
(cuando ésta se presente)..
Toda vez que intentamos hacer algo y fallamos, terminamos
haciendo algo más. Éste es el primer “principio del accidente creativo”. El
fracaso puede ser productivo siempre que no lo consideremos como un resultado
improductivo. En lugar de ello: analice el proceso, sus partes y cómo puede
cambiarlas para alcanzar otros resultados. No se pregunte “¿Por qué he
fallado?” sino, más bien “¿Qué he hecho?”.
Para conocer mas sobre este Tema, Consulta:
Disposiciones de Pensamiento
Poner en orden nuestros pensamientos
La Utopía necesaria
La presencia de la utopía en el desarrollo de la humanidad
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